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Creo, luego existo.

Creo, luego existo.

 

Hace algo más de un año, Logroño fue nombrada Capital Española de la Gastronomía, y como primer evento, el Ayuntamiento de la ciudad puso en marcha Semana del Pincho.

Confiaron en Voxcom, no sólo para el diseño de todos los elementos, si no para la creación,  desarrollo y la gestión de todo el evento que tuvo lugar del 7 al 11 de marzo de 2012.

Fueron unos días de locura, en los que trabajamos realmente duro, siempre con el esfuerzo y el apoyo de todos los agentes implicados en el desarrollo, que no fueron pocos… Alrededor de 170 bares, todas las asociaciones de vecinos de la localidad, asociaciones de hosteleros, hoteleros, … Todos trabajando a contra reloj para que el evento fuera un éxito. Y lo fue. Haciendo recuento en el informe final: el esfuerzo mereció la pena.

Ahora, un año después, nos encontramos con que la imagen que creamos para el evento que se desarrolló en Logroño en el marco de la Capitalidad Gastronómica, no ha sido copiado… ¡ha sido literalmente fusilado!

Dejando al lado (que no se pueden dejar), los derechos de propiedad intelectual y creación de la obra, podemos centrarnos en los derechos morales y de integridad de la misma. Un destrozo, una mala copia, realizada sin pudor con ausencia total de profesionalidad.

Y es que la creatividad y el diseño tienen un valor más allá del intangible, algo que todos entendemos cuando lo vemos. La creatividad y el diseño, hecho por profesionales,  tienen un precio. Sí, igual que el pan, la leche, el trabajo de un fontanero, el de un médico o el de un ingeniero.

Lo “gratis” no es sinónimo de lo “mejor”, ni tan siquiera de lo más barato, como, como bien dice el saber popular: al final,  “lo barato sale caro”.  Y no nos referimos aquí a aquellos casos en los que, después de encargar un trabajo a un supuesto profesional, la empresa se da cuenta de que no funciona y hay que volver a hacerlo de nuevo (que sería el mal menor). Nos referimos a otros más sangrantes en los que el trabajo “cuela” porque se valora el “ahorro” que ha supuesto, pero no su efectividad. Así nos encontramos con empresas que proyectan su imagen, transmitiendo un atributo más asociado a la “chapuza” que a la verdadera personalidad de la marca.

El trabajo de marketing y comunicación ha de ser realizado por profesionales  preparados, formados, que invierten tiempo en investigar y en desarrollar las propuestas y, que además, cobran por ejercer su trabajo.

Así nos encontramos con el Social Media “de todo a 100”o, como ya se le ha bautizado en el sector: el Social Mierda (con perdón), que consiste en hacer actualizaciones de estado en redes sociales, sin disponer de una estrategia de contenidos ni herramientas de monitorización profesionales, traduciendo los contenidos directamente desde el “Google Translator”.

O diseños realizados por el hijo del jefe, webs que las desarrolla el cuñado (“porque es que tengo un compromiso, ya sabes…”).

Pero todo eso recae en la sociedad, en la imagen que proyectan las ciudades, las instituciones, las empresas y las personas. Y ese daño  a la larga no se paga con dinero;ese daño es irrecuperable.

Y el caso es aún más sangrante cuando se hace desde una institución -como comentábamos al principio del post-, porque es desde las instituciones desde donde se debe valorar el trabajo de los profesionales, y especialmente el de la creatividad y el diseño, porque una sociedad que no protege a sus creadores (y no me refiero a la SGAE) y a sus empresas, es una sociedad que no avanza.

 

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