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Votad, votad malditos..

Votad, votad malditos..

A nuestros mandatarios se les llena la boca cuando hablan del valor estratégico del diseño como factor de competitividad, cuando lo califican de elemento de diferenciación para las empresas. Cuando hablan de un diseño que sea capaz de proyectar la imagen de las marcas hacia el exterior de una forma clara, coherente y diferenciada. Un diseño que transmita los valores de la empresa

Alternando este discurso con el consabido del valor de la marca país, o de la marca ciudad a la que representan y nos encontramos con ejemplos como los carteles de fiestas, la más pura expresión de la identidad de una ciudad. Una identidad que es maltratada, desprestigiada y vilipendiada, sometiéndola a concursos públicos escasamente retribuidos, o como es el caso de nuestra ciudad, retribuidos en especie, 1.200 € en material de dibujo, cuyo coste real no llega a los 600 € y cuya valoración se deja, a una especie de referéndum (término muy de moda) popular que, en base de una transparencia mal entendida, es capaz de justificar los mayores desatinos.

Casos como los de Valencia, Bilbao, Logroño o Zaragoza ­­son sólo una muestra de la escasa valoración que tienen nuestros representantes públicos por el diseño y por las empresas y profesionales autónomos que se dedican a esta actividad, a quienes deberían apoyar. Y, lo que es aún más grave, por la propia marca del territorio al que representan.

Porque prescindir de los diseñadores profesionales no sólo va en detrimento de la profesión, favoreciendo el intrusismo, sino que también juega en contra de la imagen de la ciudad de la que son representantes.

Pero lo más increíble de este sinsentido es que, tras una cuestionable selección entre las propuestas presentadas, se presenta una colección de carteles para su elección mediante votación popular en base a una mal entendida transparencia

Rápidamente las redes de los “agradaciados” hierven de solicitudes de votaciones entre sus seguidores en Facebook, Twitter, Instagram y WhatsApp, ganando evidentemente no el mejor cartel, el que mejor representa a las fiestas de la ciudad, sino el que ha conseguido movilizar a un mayor número de seguidores o a los más avispados, que encendiendo y apagando el router, consiguen una nueva oportunidad para votar.

Todo muy transparente y muy “democrático”.

Todo esto me recuerda el ridículo que hicimos en Eurovisión con la elección de Chikilicuatre como representante de nuestro país. Y se me ocurre que, ya puestos, podríamos elegir mediante votación popular la indumentaria que deberían llevar nuestros representantes políticos en las fiestas patronales de nuestras ciudades, o al cirujano que les opere en caso de necesitar, pongo por caso, un trasplante de riñón (dios no lo quiera).

En resumen, este tipo de concurso deja claro el escaso valor que nuestros representantes públicos tienen sobre el diseño y la creatividad y el propio objeto del concurso.

La proyección de la imagen de la ciudad tiene un valor de 600 €,….  en lapiceros.

Creemos que ya es hora de empezar a valorar adecuadamente a los profesionales de la creatividad y diseño, porque si hay algo que es infinitamente más caro que el diseño es aquel que no funciona.

Si no puedes pagar a un profesional sus tarifas, simplemente no lo contrates. Dejad de intentar conseguir el brillante más grande del escaparate por el precio del más pequeño y que encima parezca que nos estáis haciendo un favor y que valoráis el trabajo de los profesionales del diseño y la comunicación.

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